
El cálculo que divide a los libertarios: las PASO, el factor PJ y el poder de los gobernadores
La estrategia electoral rumbo a 2027 abrió diferencias en el Gobierno. Santiago Caputo cuestiona la conveniencia de suspender las primarias, mientras Karina Milei busca fortalecer el armado territorial. Las encuestas, las negociaciones con el PRO y el costo de los acuerdos con los mandatarios provinciales alimentan una discusión que atraviesa al oficialismo.
“No nos conviene suspender las PASO”. Una voz de peso del oficialismo alertó a la mesa política y puso en duda lo que parecía ser un consenso dentro de La Libertad Avanza (LLA). Javier Milei y Karina se mostraban hasta acá convencidos de que eliminar las primarias, además de reducir el gasto, permitiría dividir al peronismo. Se entusiasman (¿entusiasmaban?), bajo esa premisa, con un PJ en modo 2003, con varias boletas fruto de una interna irresuelta.
Sin embargo, aparecieron diferencias en torno a la estrategia electoral, tal como habían aflorado en 2025. ¿Le sirve a LLA llegar a la general sin primarias? ¿Le conviene a los libertarios dejar pasar los comicios provinciales para negociar los votos de los gobernadores en el Congreso? ¿Qué pasa, de todos modos, con los candidatos que ya se lanzaron en los distintos distritos?
Las preguntas se multiplican y las respuestas no son unánimes. En la práctica, LLA comenzó el operativo suspensión —ya nadie habla de eliminación— con una negociación iniciada en París, con los trece mandatarios que participaron de la gira presidencial del Argentina Week. Muchos de ellos tienen escasa injerencia en el Parlamento, pero otros sí. Y mientras el peronismo cavila sobre cómo alcanzar la unidad, convencido de que el Gobierno sí conseguirá la reforma que busca, en el oficialismo son más escépticos y repiten que “todavía no están los votos”.
El Partido Justicialista (PJ), envuelto en la interminable pulseada entre Axel Kicillof y La Cámpora de Máximo Kirchner, supone que los gobernadores podrán aportar votos porque las PASO nacionales poco les importan. Entonces, negociarán algo a cambio de nada. Ese algo podría ser asegurarse el pago chico, sin rivales de peso en sus distritos. Pero en el oficialismo, donde saben que para los mandatarios la operación puede representar una ganancia gratuita, advierten que tal vez el costo sea demasiado elevado.
Los posibles rivales de Milei, los tiempos para corregir errores, los armados locales y la desconfianza cruzada son algunos de los puntos centrales que por estas horas se ponen en la balanza.
El factor Kicillof y las encuestas que mira Milei
En el búnker oficialista saben que el Gobierno perdió crédito, aunque siempre tuvieron claro que la imagen positiva está para gastarse durante la gestión. Confían, no obstante, en que el orden de la macroeconomía se trasladará en algún momento a la micro. Es decir, al bolsillo y al consumo. Descreen que esos tiempos coincidan con la urgencia electoral y están seguros de que ni Milei ni Luis Caputo torcerán el equilibrio fiscal (cada vez más dificultoso por la recaudación flaca) para favorecer un repunte del alicaído mercado interno.
Según las planillas que reciben en Casa Rosada, Milei sigue siendo competitivo y el desorden de la vereda de enfrente lo favorece. “Por las encuestas que tenemos hoy, a Kicillof le ganamos”, dijo una espada de LLA a este medio. Entonces, aparece la primera duda: si el mejor rival para Milei es el gobernador bonaerense, por su asociación lineal con el kirchnerismo y con el “pasado” al que hace referencia el Gobierno, ¿para qué eliminar las PASO?
Los mismos datos que llegan a Balcarce 50 dan cuenta de que Kicillof tendría las mayores chances de convertirse en el candidato del peronismo en una primaria abierta. Solo Cristina Kirchner podría derrotarlo, pero aunque en el Instituto Patria haya expectativas por un dictamen favorable del Comité de Derechos Humanos de la ONU, ese pronunciamiento no sería vinculante y la Justicia no parece dispuesta a revisar la condena por la causa Vialidad, que además de la prisión ordenó la inhabilitación para ejercer cargos públicos. Es decir, hoy una candidatura de Cristina es un quimera.
“A Massa también le ganamos, más apretado, pero le ganamos”, confían los libertarios, que miran de reojo el rearmado del líder del Frente Renovador. Sergio Massa volvió a reunir a sus equipos de campaña y calibra su lanzamiento, idealmente con el aval de Cristina. “Hoy los números no me dan, pero en cuanto me den, me tiro de cabeza”, dijo el tigrense hace pocas semanas a un grupo de intendentes. Los renovadores tienen mediciones actualizadas a diario y creen que, en un balotaje, Massa se convertiría en presidente. El problema es llegar a esa instancia.
“A otro rival, no sé”, seguía el mismo dirigente de LLA. Ese otro podría ser una carta todavía no develada o alguno de los dirigentes que suenan desde las provincias. Por ejemplo, Sergio Uñac, que se mostró días atrás con Máximo Kirchner en San Juan, o el santiagueño Gerardo Zamora, quien visitó a Juan Manzur en Tucumán una cumbre sin foto y sin declaraciones públicas.
Entonces, si los rivales que el Gobierno considera más accesibles surgirían de las PASO y otros potencialmente más competitivos, sin el lastre del “pasado”, podrían emerger de una interna cerrada, ¿para qué eliminarlas?
Quien abona esa tesis es Santiago Caputo, aunque no contradecirá a Karina ni a los primos Menem. La experiencia de 2025, cuando no logró imponer los acuerdos con gobernadores ni colocar candidaturas de su espacio Las Fuerzas del Cielo en las listas violetas, le dejó una enseñanza. Plantea su posición, pero deja hacer a Karina en materia de estrategia electoral. No interfiere en la “mesa política blue”, como dice también Patricia Bullrich a los suyos, aunque la senadora sí expresa sus diferencias a viva voz.



